La difusión del conocimiento en computación

Sergio R. Samoilovich - Sandra Mariel Fiore Luparello

La información sobre informática, valga la redundancia, es intrínsecamente cambiante, inestable y diversificada. No respeta jerarquías, normas ni leyes.

Parte de la mitología popular en materia de informática es alimentada por historias periodísticas, películas o novelas que muestran jovencitos haciendo milagros con un teléfono y una computadora hogareña: penetrar las computadoras del Pentágono, cambiar los registros de notas de las escuelas o de sus cuentas bancarias, etc. Varios "niños terribles" de la informática fundaron exitosas compañías hoy multimillonarias.

En concordancia con esta imagen, la mayoría de quienes asesoran, programan o venden con éxito son autodidactas y carecen de título habilitante en la materia; recíprocamente, numerosos profesionales están irreversiblemente desactualizados. Paralelamente, una gran variedad de empresas, institutos, y publicaciones comercializan productos o servicios, a menudo surgiendo y desapareciendo de la noche a la mañana.

Al adquirir un equipo de computación se toman decisiones en base a la información recogida de distintos medios de comunicación o de los vendedores de equipos, información que puede no ser suficientemente objetiva. Por otra parte, los colegas o conocidos pueden opinar desinteresadamente, pero a veces sin conocimiento técnico. Esto sucede tanto al informatizar una oficina o empresa, como al implementar la enseñanza de la informática a nivel primario o secundario. En este último caso, además, se deberá estar preparado para enfrentar las distintas opiniones y actitudes de los padres.

Es innegable que nuestro sistema educativo no pudo aún asimilar la computación personal ni formar suficientes profesionales en ella. Pero este panorama anárquico no se debe exclusivamente a la insuficiencia del presupuesto educativo, ni a nuestra idiosincrasia latina, sino a la naturaleza dinámica y compleja de esta disciplina.

La informática práctica posee un mínimo de conocimientos básicos, que son patrimonio de las profesiones clásicas (analista de sistemas, ingeniero electrónico, programador) y un máximo de información aplicada y muy variable, constituida por las novedades y actualizaciones del conocimiento original. La necesidad de actualización frecuente es cubierta por empresas vendedoras de equipos, sistemas y servicios, institutos de enseñanza (privados u oficiales), editoriales de libros y revistas, y por último por los canales informales (negocios de computación, clubes de usuarios, sistemas telemáticos, correos de lectores, etc.). Estos canales alternativos resultan más dinámicos que acudir a los escasos centros de referencia académica o a profesionales capacitados.

La consecuencia de esta particular modalidad de trasmisión del conocimiento es que la información (o los programas) atraviesa una serie de etapas hasta llegar al destinatario final. Algunos eslabones de la cadena la modifican: resumiéndola, expandiéndola, manipulándola de acuerdo a los nuevos destinatarios, quitando la propaganda de la etapa anterior y agregando la propia, etc. Cada uno de estos canales tiene sus distorsiones particulares, según los intereses que defienda: el cumplimiento de las normas legales, la pureza de la información, el afán de lucro, el interés del alumno o del usuario final, etc.

Los jóvenes tienen sus propias formas de incorporar conocimiento informático, a través de sus redes sociales informales, tanto reales como virtuales. Este conocimiento puede estar distorsionado o contener valores erróneos, sobre todo, cuando encuentran un vacío informativo del lado de la educación formal. Es por eso que la escuela debe ir siempre un paso delante de los jóvenes en informática general, antes de poder hablar de informática educativa.

La otra asignatura pendiente del sistema educativo es establecer estándares. Sin estándares la informatización escolar es anárquica, lenta y costosa. Cada compra y cada arreglo son un caso especial y requieren costosa asistencia especializada. Quienes pueden afrontar el gasto lo hacen porque no hay alternativa, pero quienes no pueden informatizarse rápido y bien pagan un costo mucho mayor. Hoy día no se puede demorar en alcanzar los objetivos que imponen la sociedad globalizada moderna y el mercado laboral. Los docentes deben guiar a los alumnos en el aprendizaje informático, no a la inversa.

Este texto es una reelaboración actual de un capítulo del libro: "Computación para Padres y Maestros", NewAge Editorial 1994.